CARGA DE LA CABALLERÍA PESADA TEMPLARIA

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domingo, 20 de marzo de 2016

LOS VALDENSES



Pedro Valdo comenzó en el siglo XII un movimiento de reforma religiosa que perdura hasta nuestros días. Este francés sencillo, un comerciante corriente de la ciudad Lyon, cambió la historia de toda una región con su ejemplo. Pedro Valdo era un hombre corriente. Un comerciante de la muy industriosa ciudad de Lyon, que tras la muerte de un amigo cercano decidió investigar en las Sagradas Escrituras cuál era la voluntad de Dios para el hombre. Valdo no sabía leer, por lo que le pidió ayuda a un amigo teólogo. El primer texto que le refirió su amigo fue el de Mateo capítulo 19, verso 21, en el que Jesús le dice al joven rico que venda todas sus posesiones y le siga. Pedro Valdo quedó tan impactado por la Biblia que decidió vender todo lo que tenía. Primero se ocupó de su familia. Le dejó un dinero a su esposa y metió en un convento a sus dos hijas, después se puso en contacto con dos sacerdotes para que tradujeran la Biblia al occitano, el idioma de la región. A partir de ese momento, la vida de Pedro Valdo se concentró en predicar por las calles un mensaje de arrepentimiento a sus vecinos. Enseguida una gran multitud empezó a seguir al próspero comerciante convertido en predicador. Los seguidores de Valdo empezaron a ser conocidos como “los pobres de Lyon”, ya que como su líder, lo dejaron todo y comenzaron a predicar el Evangelio por toda la región. La Iglesia de Roma reaccionó prohibiendo la predicación a los valdenses, el papa Alejandro III los reprobó, por no tener premiso de su obispo para predicar y leer las Sagradas Escrituras en su propio idioma. El papa Lucio III terminó por excomulgar a la comunidad de valdenses y ordenó su expulsión de la ciudad. Esto, más que terminar con el movimiento, permitió que éste se expandiera más. Valdo llegó con su predicación hasta Polonia y Rusia, muriendo en el año 1217. Los valdenses se extendieron por toda Europa. Llegaron hasta Alemania, Suiza, España y Francia. En la Península lograron hacerse fuertes en Cataluña. La Iglesia de Roma mandó celebrar dos concilios para expulsarlos de la zona, pero lograron persistir y extenderse por el resto de la Península, lo que llevó al rey Alfonso II de Aragón a dictar un decreto contra ellos en el año 1194. La persecución contra los valdenses en la Península fue muy dura y muchos fueron quemados en Gerona, Huesca y perseguidos también en el Reino de León. El progreso de los valdenses no se detuvo a pesar de las persecuciones. Los seguidores de Valdo llegaron a prosperar en zonas tan distantes como Bohemia, Flandes, Austria o Lorena. Muchos de ellos fueron quemados y ajusticiados en Viena, Estrasburgo o algunas ciudades de Italia. El único lugar en el que los valdenses lograron convertirse en mayoría fue en los valles del Piamonte, pero tantos siglos de persecución radicalizarían el movimiento poco después.

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